En este artículo vamos a explicar en qué consisten los famosos test de antígenos que se emplean para detectar la presencia de la COVID-19. Esos mismos que se pueden comprar en las farmacias, y que, en su momento, fueron objeto de una campaña de descrédito (bastante ridícula, por cierto) por parte del movimiento negacionista. El problema que estos conspiranoicos achacaban a la mentirosísima y malvada ciencia, era que, cuando abres uno de esos test, no ves más que una larga tira blanca, en lugar de… no sé, no sé qué esperaban ver. Tal vez cientos de microchips, o tal vez decenas de minicientíficos del tamaño de una pulga conspirando con tu mucosa nasal. Pero no, solo había una larga tira blanca. Y eso es lo único que se necesita, porque esa larga tira blanca es lo que llamamos una columna de cromatografía. En este caso, de inmunocromatografía.
La cromatografía es una método empleado para separar distintas sustancias presentes en una misma muestra. Consiste en una fase móvil (por ejemplo, un líquido) en la que va disuelta la muestra, y una fase fija en una columna o en una superficie, a la que llamamos fase estacionaria. Si los diferentes componentes disueltos en la fase móvil interaccionan de manera distinta con la fase estacionaria, al arrastrarlos la primera por la segunda, estos se irán separando, en función de su mayor afinidad hacia la fase móvil o la estacionaria. Es decir, si el componente A tiene una afinidad por la fase estacionaria, respecto a la fase móvil, mayor que el componente B, encontraremos que el componente A se separará rápidamente de la mezcla, quedando adherido a la fase estacionaria, mientras que el componente B lo hará mucho después (o no lo hará).
Un ejemplo muy clásico de cromatografía que se suele hacer en los institutos es el siguiente:
- Se coge una tira de papel de filtro (con el papel de folio o de libreta no sale bien, porque está parafinado) o una tiza de las clásicas (tiza cuadrada «grumosa», ya que las tizas modernas, para que suelten menos polvo, tienen un acabado superficial que dificulta el experimento). Esta será nuestra fase estacionaria.
- A aproximadamente 1 cm de la parte inferior se dibuja un punto gordo con un rotulador negro.
- Se sitúa la fase estacionaria, una vez marcada con el rotulador, en un vaso.
- Se vierte con cuidado alcohol en el vaso, de manera que no llegue hasta la marca del rotulador.
- El alcohol comenzará a subir por el papel de filtro o por la tiza por capilaridad. Hay que esperar pacientemente, pero retirar la fase estacionaria antes de que el alcohol llegue al extremo superior.
- Podremos ver ahora como la tinta negra se ha ido descomponiendo a lo largo de la fase estacionaria en los colores de los diferentes pigmentos que la componen.
No es extraño que la cromatografía sirva para separar los colores que forman la tinta de un rotulador negro. La cromatografía (que podríamos traducirla del griego como escritura de color) fue creada por el botánico ruso Mikhail Tsvet para separar los pigmentos vegetales de las plantas. Hoy en día se emplea de forma cotidiana en el análisis químico. A veces, el funcionamiento no es muy diferente al del experimento descrito anteriormente, como ocurre con la cromatografía en capa fina (TLC, del inglés Thin-Layer Chromatography), en otros casos se emplean unos aparatos llamados cromatógrafos, que con la ayuda de un detector acoplado, nos permiten separar los componentes de una muestra, identificarlos (decir qué hay) y cuantificarlos (cuánto hay).
Pero volvamos a lo nuestro, que son los test de antígenos empleados en la detección del COVID-19. Cuando nos rascamos bien con el hisopo las fosas nasales, y lo remojamos adecuadamente en la disolución que se nos adjunta, depositaremos en ella una parte de nosotros mismos. Literalmente, porque depositaremos algunas células que hemos desprendido pero, más importante, en el supuesto de que estemos infectados de COVID-19, depositaremos ahí también parte del virus. la mezcla que queda va a ser la fase móvil, de la que vamos a echar unas gotitas sobre el test que,además de la carcasa de plástico, cuenta con una larga tira blanca, que actúa como fase estacionaria. En la misma zona donde vamos a añadir la muestra hay un anticuerpo específico capaz de unirse a una proteína producida por el virus. El funcionamiento de esta unión es similar al de nuestro sistema inmune: A la parte del virus, o molécula segregada por el virus, capaz de ser detectada, la llamamos antígeno. La molécula capaz de unirse selectivamente al antígeno (a ese y no a otro) se denomina anticuerpo. Una vez que el antígeno del COVID-19 se ha unido al anticuerpo presente en la primera parte del test, el complejo resultado de la unión de ambos es transportado por capilaridad a lo largo de la tira, hasta llegar a otra zona (esa que la carcasa exterior del test marca con una T) en la que hay un segundo anticuerpo capaz de unirse al antígeno, quedando como resultado inmovilizado. Se eligen estos anticuerpo de forma que el complejo final tenga un color visible, de modo que se produzca la línea coloreada que interpretamos como un positivo en COVID. El resto de la muestra (el resto de nuestra mucosa) seguirá ascendiendo por capilaridad, hasta llegar a otra región (la que la carcasa del test marca con una C), en la que hay presente un reactivo que presenta respuesta ante el primer anticuerpo (el que había en la primera zona de ltest). Esta es la zona de control, que nos indica que la ascensión de la muestra ha sido correcta. Por eso, si la línea correspondiente no aparece en la C, significa que el test ha salido mal, y hay que tirarlo y hacer otro.